Por Luis Miguel Castilla
Los resultados de PISA 2025 confirmaron lo que las evaluaciones nacionales venían anticipando. El Perú retrocedió en matemática y en lectura a los niveles de 2015 y perdió, en una sola medición, lo ganado en una década. Siete de cada diez estudiantes de quince años no alcanzan el nivel básico en matemática y cerca de seis de cada diez no lo hacen en lectura. La caída fue más pronunciada entre los más pobres, con lo cual la escuela pública dejó de cumplir, en ese tramo, su función igualadora.
Del aprendizaje a la productividad
El deterioro suele discutirse en clave de movilidad social. Un adolescente que termina la secundaria sin comprender un texto ni resolver un problema con números tiene cerrada la puerta de la educación superior de calidad y abierta solo la de la informalidad. Pero el problema tiene una segunda dimensión, menos visible y de mayor alcance, que atañe a la productividad del país.
Las competencias que exige la inteligencia artificial
La evidencia internacional reciente sobre inteligencia artificial y mercados laborales coincide en un punto. Las competencias que la tecnología revaloriza son las mismas que PISA mide: comprender un texto complejo, razonar con cantidades, formular una buena pregunta y juzgar la calidad de una respuesta. Se estima que entre un cuarto y dos quintos del empleo latinoamericano está expuesto a la IA generativa y que el potencial de la región es, sobre todo, de aumento de productividad antes que de sustitución. Un país donde la mayoría de sus jóvenes carece de esa base no podrá elevar su productividad ni sostener la formalización que necesita, por más conectividad y dispositivos que reparta.
Dos desafíos para la política educativa
La ventana de la IA se juega en esta década, mientras los retornos de una mejora en la educación básica maduran en una generación. La política educativa debe priorizar la reconversión de la fuerza laboral existente y la reforma de fondo de la escuela, sin que la urgencia de la primera desplace el financiamiento de la segunda. El presupuesto educativo se duplicó en diez años sin que los aprendizajes se movieran, y el proyecto de 2027 repite los montos de 2026, señal de que el sector no figura entre las prioridades.
De las prioridades a resultados verificables
El gobierno de la presidenta Fujimori tiene definidas sus prioridades en la materia. El plan de gobierno apuesta por la infraestructura, con 3,009 colegios, conectividad rural y seis millones de dispositivos, y por la formación docente en habilidades digitales e inteligencia artificial, con mentorías para niñas en matemática y programación. Sus metas a 2031 miden la brecha de locales, la inserción laboral y las becas. Se incorpora la calidad de los aprendizajes como lineamiento, aunque sin un indicador que la haga exigible. Restituir la evaluación de desempeño docente, concentrar los recursos de recuperación en las escuelas más pobres y fijar una meta verificable de aprendizajes, sea el porcentaje de estudiantes que alcanza el nivel básico en PISA 2028 o el logro satisfactorio en la evaluación nacional, convertirían un diagnóstico compartido en una política con responsable y plazo.
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