Presupuesto 2027: entre prioridades y restricciones
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Presupuesto 2027: entre prioridades y restricciones

Por Luis Miguel Castilla

El análisis del ejercicio presupuestario actual está sujeto a consideraciones que no son conclusivas por el eventual cambio de reglas fiscales y las reasignaciones que traerán cola. El proyecto de presupuesto para 2027 no creció en términos reales, por lo que cualquier crecimiento de alguna función de gasto será a costa de recortar otra. El Ejecutivo eligió dos prioridades: seguridad ciudadana y protección social. La correspondencia con la oferta electoral del gobierno es evidente y, hasta ahí, coherente.

Menos recursos para la mayoría de funciones

Sin embargo, 17 de las 25 funciones caen en términos reales, incluidas educación, salud y saneamiento. Los gobiernos regionales reciben 1,3 % menos que en el PIA 2026, justo en un año en que el fenómeno de El Niño exigirá capacidad de respuesta en el territorio. Y el 44 % del presupuesto se asigna sin producto asociado, de modo que buena parte de las prioridades anunciadas no resulta rastreable ni verificable. Un presupuesto que no permite seguir la plata difícilmente puede evaluarse por resultados.

Reglas fiscales y presupuesto: una secuencia pendiente

A ello se suma una inconsistencia de secuencia. El MMM 2027-2030 fue elaborado bajo la senda de déficit vigente, aunque el propio gobierno ya anunció que modificará los parámetros de las reglas fiscales y elevará el techo de deuda. El Consejo Fiscal fue explícito al señalar que las proyecciones deben tomarse como referenciales y serán revisadas cuando se aprueben esos cambios. La meta de crecimiento de 4 % en el mediano plazo resulta notablemente exigente y el país enfrenta El Niño con los ahorros en su punto más bajo en casi 25 años. Flexibilizar sin medidas concretas de ingresos permanentes y de contención del gasto erosiona la credibilidad. Lo ordenado sería discutir las nuevas reglas antes o en paralelo al presupuesto, no después. De lo contrario, nacerá desactualizado y terminará corrigiéndose por crédito suplementario, que es la práctica que se dice querer terminar.

Un nuevo marco para elaborar el presupuesto

El marco institucional también cambió. El proyecto se dictamina ahora en una comisión bicameral y necesita doble mayoría simultánea, y la prohibición de incluir materias ajenas a lo presupuestal cierra la ventana por donde durante años se colaron beneficios sin financiamiento. Es un avance real, aunque la presión política no desaparece, solo cambia de vehículo. El cambio más positivo es que se quiere modificar la forma de hacer el presupuesto a futuro con el esquema top down recomendado por la OCDE, que permitirá definir mejor el espacio fiscal disponible (con techo de gasto vinculante).

Presupuesto y facultades en una misma negociación

Todo se define en simultáneo con el pedido de facultades. Presupuesto y delegación se negociarán como un mismo paquete. Evaluar hoy el presupuesto es evaluar un borrador cuyo desenlace dependerá de reglas todavía no escritas y en medio de una negociación política que ojalá no conlleve al canje de votos por proyectos o gasto. De esto vimos mucho en el pasado y ahora vemos las consecuencias. Urge recuperar el presupuesto como la principal herramienta de política pública del país.

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